El patio del colegio: Nuestra primera escuela de liderazgo. Cuando cerramos los ojos y recordamos nuestros años en el colegio, es imposible no pensar en la figura del sacerdote o del maestro en medio del patio… Ese patio inmenso donde corríamos sin parar. ¿Recuerdan cómo, sin necesidad de gritar, lograban captar la atención de cientos de jóvenes rebeldes? Bastaba una mirada serena, una sonrisa o acercarse a platicar con nosotros para que el orden volviera. Ese, sin que lo supiéramos, era nuestro primer máster en liderazgo verdadero.
De las aulas a las gerencias. Hoy, muchos de nosotros nos encontramos en posiciones de jefatura, dirigiendo gerencias o liderando nuestros propios emprendimientos. Y es justo aquí, en el mundo corporativo del siglo XXI, donde la filosofía de «Don Bosco Hoy» debe brillar con más fuerza. Dirigir al estilo salesiano no se trata de imponer autoridad desde una silla ejecutiva… se trata de transformar el concepto de «jefe» por el de «líder que acompaña».
Pero, ¿cómo se aplica esto en la gestión de equipos moderna?
- La asistencia entre los escritorios: Así como los salesianos estaban siempre en medio de nosotros, un buen gerente exalumno conoce a su equipo. No se encierra en su oficina; platica, escucha y entiende las necesidades de su personal.
- Autoridad basada en la razón: Don Bosco nos enseñó que los castigos no sirven. En la empresa de hoy, esto significa corregir en privado, felicitar en público y guiar a los colaboradores con razones lógicas, no con imposiciones.
- Ética inquebrantable: En un mundo de negocios donde a veces se buscan atajos, el sello de un exalumno es la transparencia.
Nuestra mayor ventaja competitiva. Un exalumno que lidera equipos debe ser, ante todo, un «padre, maestro y amigo» para sus colaboradores. Cuando aplicamos estos principios en nuestras oficinas, no solo logramos metas financieras, sino que construimos lugares de trabajo donde la gente se siente valorada. Esa es nuestra verdadera huella en el mundo de hoy.