Werner Estuardo González, promoción LIX, Colegio Salesiano Don Bosco
Estaba en cuarto bachillerato en el colegio y ese viernes nos tocaba clase de Ética. Él padre, no recuerdo el nombre pero siempre llegaba con su proyector portátil y nos ponía videos sobre valores, liderazgo, o historias de Don Bosco. Todo bien… pero ese día, el padre se retrasó unos minutos y dejó el proyector encendido, conectado a su laptop, sin bloquear nada.
Y ahí fue cuando uno de los compañeros se le ocurrió la brillante idea: “¿Y si ponemos el video de los pingüinos bailando que vimos ayer?” Yo, que normalmente soy el sensato del grupo, no sé qué me pasó, pero me reí y dije: “Dale, pero que sea rápido”.
Carlos se acercó, abrió YouTube, y puso el video. De pronto, toda la clase estaba viendo pingüinos bailando reguetón en la pantalla gigante. Fue un caos: risas, aplausos, uno que otro grito de “¡Don Bosco aprueba esto!”. Justo cuando el padre entró, se quedó congelado viendo la escena. Silencio total. Pensamos que nos iba a caer una buena reprimenda.
Pero lo inesperado pasó: el padre soltó una carcajada y dijo: “Bueno, al menos están alegres. Pero ahora sí, vamos con el video de verdad”. Nos dejó sin castigo, aunque con una advertencia: “La próxima vez que quieran hacer reír, que sea con algo que enseñe también”.
Desde ese día, cada vez que veíamos el proyector encendido, alguien decía: “¿Y si ponemos a los pingüinos otra vez?”. Nunca lo hicimos, pero la leyenda quedó viva.