Sergio Cosenza, Promoción XIX. Colegio Salesiano Don Bosco
Un día estábamos en misa en salón que estaba bajo la piscina, como todos los viernes. Yo estaba sentado con mis amigos Jose, Carlos y yo en la tercera fila, justo detrás de los más aplicados. El padre estaba dando la homilía, hablando sobre la importancia de la humildad, y todo iba tranquilo… hasta que Jose sacó su cuaderno y me mostró un dibujo que había hecho.
Era una caricatura del profesor Ramírez vestido como Don Bosco, con una regla en la mano y una nube de ecuaciones flotando sobre su cabeza. No sé qué me pasó, pero me dio un ataque de risa. Intenté aguantarme, tapándome la boca, pero fue inútil. Carlos me vio, miró el dibujo, y también empezó a reírse. Otro amigo no recuerdo el nombre, nos miraba con cara de “¡Cállense ya!”, pero ya era demasiado tarde.
El padre se detuvo, nos miró desde el altar, y dijo: “Parece que alguien encontró la alegría salesiana… pero recuerden que también hay momentos para el silencio”. Toda la misa se rió un poco, incluso él, y luego siguió con la homilía como si nada.
Después, al salir, nos llamó aparte y nos dijo: “Me alegra que se rían, pero que sea con respeto. Don Bosco decía que la santidad consiste en estar siempre alegres, pero también atentos”. Nos quedamos con esa frase, y desde entonces, cada vez que Jose sacaba su cuaderno, yo decía: “¡No en misa, por favor!”.