«Buenos cristianos y honrados ciudadanos». Los años pasan volando… las tecnologías cambian, los mercados se transforman y la inteligencia artificial revoluciona la forma en que trabajamos. Sin embargo, hay principios que llevamos tatuados en el alma y que nunca pasan de moda. Cuando salimos del colegio por última vez, llevábamos con nosotros una misión muy clara, resumida en la frase más emblemática de nuestro fundador: ser «buenos cristianos y honrados ciudadanos».
¿Qué significa este sello en el mercado laboral actual? En el mundo de los negocios de hoy, la lealtad, la honestidad y el trabajo bien hecho son habilidades sumamente escasas y, por lo tanto, muy valoradas por las grandes corporaciones. Llevar el sello salesiano en nuestra tarjeta de presentación implica una responsabilidad enorme:
- Integridad a prueba de todo: Significa que cuando un cliente hace negocios con nosotros, puede cerrar los ojos y confiar en que no habrá letras pequeñas ni engaños.
- La alegría ante el estrés: Como decía Santo Domingo Savio, «nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres». Un profesional salesiano enfrenta las crisis, el estrés de fin de mes o los problemas con optimismo, contagiando de paz a su entorno de trabajo.
- Excelencia en lo ordinario: Hacer nuestro trabajo cotidiano, por más monótono que parezca, con una calidad insuperable.
Nuestro mejor currículum. No importa si somos ingenieros, médicos, técnicos o comerciantes. Nuestro mayor éxito profesional y el mejor homenaje que podemos hacerle a la formación que recibimos, es que al vernos trabajar, nuestros clientes y colegas puedan decir sin dudarlo: «Se nota que él se formó bajo las enseñanzas de Don Bosco».