Por Edgar Mansilla, promoción XLVIII Colegio Salesiano Don Bosco
En definitiva, soy un fiel creyente de que cuando Dios tiene planes para nuestras vidas, son perfectos, y por ser perfectos, no pone ninguna duda ni preocupación en nuestras mentes y en nuestros corazones.
Por allá por el año 1986, en una época de procedimientos de admisión muy distintos a los de ahora, mi señor padre y yo, llegamos al Colegio Don Bosco… como como un niño temeroso de que ya me tocaba entrar a estudiar a un colegio más alejado de casa, y mi papá con la ilusión de que su hijo mayor, estudiase en el Colegio Don Bosco.
No recuerdo con exactitud esos momentos, pero los narro desde las historias que mi padre siempre me contó… llegamos, entramos antes que nada al Templo, y estando adentro mi papá me pregunto si me gustaba, y no olvida que con ojos maravillados por la majestuosidad del lugar, le dije que si, que me gustaba mucho… luego entramos al colegio y pudimos asomarnos al patio… de nuevo me volvió a preguntar si me gustaba, y maravillado por las dimensiones del patio le dije que si, y que era muy grande y bonito…
Después de eso, él hizo todo el trámite correspondiente, y esperamos hasta que una maestra nos guió a una fila de niños curiosos por saber qué habría que hacer para estudiar en ese tan bonito Colegio.
Del examen no recuerdo mucho, para ser francos… pero con los años, mi padre me contó una historia que él vivió justo en la espera mientras yo hacía mi examen… había otros padres de familia que también habían llevado a sus hijos para el exámen de admisión, e hicieron charla con uno de ellos… durante la charla, el otro padre de familia preguntó a mi papá: “…y usted, ¿qué otro colegio tiene como opción?”, pregunta que tomó con la guardia baja a mi padre… al ver la sorpresa, el otro padre de familia agregó “…debiera tener otra opción, por si su hijo no gana el examen y no logra entrar acá al Don Bosco…”. Mi padre me contaba que, desde ese momento, el no hizo nada más que pedirle a Dios que le ayudase a que yo ganara el examen, porque la verdad era que él no tenía ninguna otra alternativa preparada…
Gracias a Dios, este servidor logró ganar el examen y desde el momento del resultado, inicié mi formación el nuestro querido Colegio Salesiano Don Bosco… y con mi padre, desde la primera vez que él me contó esta historia, los dos estuvimos de acuerdo en el hecho que menciono al inicio: cuando Dios tiene planes para nuestras vidas, son perfectos, y por ser perfectos, no permite que la duda y la preocupación sean parte de nuestra mente y corazón.
Desde ese día, y con plena convicción hoy, se que ese momento marcó el inicio de una misión de vida que hoy sigue siendo importante para mi, en los distintos roles que desempeño como Exalumno Salesiano, como miembro del Claustro de Catedráticos de nuestra querida Universidad Mesoamericana y como miembro de la Junta Directiva de nuestra apreciada Asociación de Antiguos Alumnos y Alumnas de Don Bosco, AAADB.