El sueño de la Pérgola de las Rosas (1864)

Don Bosco relató a sus muchachos este sueño en el año 1864, aunque lo había vivido años antes. Es un sueño bonito… pero también muy profundo.

Una noche, Don Bosco soñó que la Virgen María lo llevaba a un jardín maravilloso. Todo era hermoso: flores, colores, paz… y en medio de ese lugar había un camino cubierto por una gran pérgola llena de rosas. Eran tantas rosas que parecía un túnel, un camino precioso que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. La Virgen le dijo con mucha dulzura:

—Este es el camino que debes seguir.

Don Bosco, al ver tanta belleza, no quiso estropear nada. Pensó: “No puedo caminar encima de estas rosas tan lindas con los zapatos”. Entonces decidió quitárselos.

Y comenzó a caminar descalzo. Pero apenas dio unos pasos, se dio cuenta de algo que no esperaba: esas rosas tan hermosas tenían espinas… y espinas muy afiladas.

Cada paso que daba le hacía sangrar los pies. El dolor era fuerte. Así que se detuvo y dijo:

—No puedo seguir así… necesito zapatos.

La Virgen le respondió:

—Claro, hacen falta buenos zapatos.

Entonces se los puso de nuevo y siguió caminando. Esta vez no iba solo: otros comenzaron a acompañarlo. Pero el camino no se hizo más fácil… al contrario, se volvía más estrecho, más difícil. Las ramas bajaban, las espinas aparecían por todos lados, y aunque desde afuera parecía un camino lleno de flores y belleza, por dentro era un camino de esfuerzo, de heridas y de sacrificio. Y lo más curioso es que desde fuera la gente lo miraba y decía:

“¡Don Bosco vive entre rosas! ¡Qué fácil le va todo!”

Pero no veían el dolor de las espinas… ni las heridas que llevaba por dentro. Aun así, Don Bosco siguió caminando. No se rindió. Porque sabía que ese era el camino que Dios le pedía: amar a los jóvenes, ayudarles, educarlos… aunque eso implicara sacrificio.

REFLEXIÓN

Una reflexión clara y muy valiosa la ofrece Joan Josep Moré, sacerdote salesiano (SDB), en el sitio del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Don Bosco:

“En este sueño… las rosas representan los frutos y la belleza del trabajo pastoral, pero las espinas muestran los sacrificios y dificultades. Don Bosco comprendió que su misión sería difícil, pero que, bajo la protección de la Virgen María, podría guiar a los jóvenes hacia el bien y la santidad.”

No todo lo que parece bonito es fácil.

Los caminos más valiosos muchas veces duelen.

Servir a los demás, amar de verdad… siempre tiene espinas.

Pero también tiene rosas. Y vale la pena caminarlo.

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